Vivo creando un acertijo, con las piezas del ayer,
todo el dolor amanerado se cruza por mi frontera fría,
pisadas de fuego, pimienta y sal,
como un caldo del infierno preparado en mis siete muertes.
Te contraes, te arrodillas,
te alejas,
tienes en la boca mi sabor a saliva,
deseas estas uñas clavadas en la espina,
tienes miedo que se vuelque desde adentro,
el color blando de la deriva.
Ayer (viernes) me hice un tatuaje. La imagen es "poco nítida" y aparece un poco de sangre en donde no hay tonos rojos, pero es porque la foto es de recién hecho justo antes de taparlo. Desde que decidí terminar de hacérmelo, me preparé psicológicamente de que iba a terminar llorando, está en una zona difícil de amortiguar una aguja, pero para mi salud moral, no lloré :D
Bueno, ayer me hice un tatuaje, mi mamá no ha querido decirle a mi papá así que es algo como el "secreto familiar" hasta que tenga una buena noticia y le incluya el "-ah bueno y entre otras cosas, me tatué"...
A los que no les ha llegado la noticia, me gradué a finales del mes pasado, y lo peor de TOOOOODO han sido los trámites, no sólo acabaron con gran parte de mis utilidades (festivas) sino que fue realmente agotador, perdí varios días en poder registrar el título y hacer los trámites para poder ejercer... pero ahora puedo decir con propiedad que mi firma vale jejejeje. Ahora a esperar las entrevistas para el postgrado y la lista de admitidos.
A mi mamá le tengo con la frase "me gradué, registré, me colegié, tengo inpre, me hice un tatuaje"... Algo tipo, no es por una vagabundería de uno, tengo 22 años, una carrera... que tenga un tatuaje es cosa mia.
Mi hermano se puso "estético", -cuando estés vieja se va a arrugar todo... Veamos, tengo 22, y está en un lugar no muy accesible para mi (en el centro de mi espalda, entre los homóplatos) de aqui a que pierda la forma, si lo hace, no podré verlo, ni yo ni nadie ajeno, a los 80 anos no llevaré blusas con escote en la espalda por favor.
Ahora ando es con la parte del cuidado, cremita antibiótica, antiséptico, limpieza extrema, etc etc etc.
Besos!
AxlyAz
Uno que se acostumbra a relaciones extrañas, tortuosas,
efímeras, golpeadas, exhaustivas, desgastantes...
Y luego, la soledad tan brusca que no atina ni un centímetro,
la calma parece nunca llegar, pero de pronto...
Llega, y te pone en tus cabales, y te llena de labores,
de trabajo, de cosas intelectuales y frías,
las emociones no existen en ese plano fresco.
Me gusta, me gusta mi sentido de soltería, ese que perdí hace unos dos años.
Ese que hasta entonces, había sido perenne en mí,
regresa, y planea acampar un buen rato.
Que rico no preocuparse por nada, ni buscar un comino,
me cansa pensar el "qué dirá" de mi.
No tengo prisa, bienvenida al celibato...
O algo por el estilo.
Dormir no te mata, el que no duerme, no sueña... Y si no sueñas, ¿Dónde volarás a mundos mejores? ¿Dónde te ganarás ese millón de Dolares? ¿Dónde te casarás con Megan Fox? ¿Dónde te perseguirá Jason Vorhees, y tendrás la deliciosa satisfacción que, de los dos, tu será quien despertará victiorioso, ya que sigues vivo?
Long days, sunshine, and peace
Long nights of love, forgiveness, and laughter
Maybe it was just a dream but it could be reality
Children are like planting seeds, you’ve got to let their flowers grow
Don’t you know
¿Por qué a veces se siente que una parte, del todo que somos,
muere más de una vez?
Como si no bastara con el dolor de la primera ocasión,
y nos obsesionan esos detalles del pasado,
retribuyéndole a la ligereza, nuestro abismal fracaso.
No es que me queje, no.
Yo sé que hay que caminar entre la mierda para llegar a tierra firme,
o al menos así nos lo pintan,
"Naden, que ahogándose van a aprender."
Y entonces, ¿quién me espera al otro lado, brazos abiertos?
¿Que tal si esa persona se ahogó en el camino de estiércol?
"No hay mal que por bien no venga, hijita".
De acuerdo, pintemos dos o tres cosas:
No hay remedio para la soledad.
Al mundo llegamos solos,
y así se supone que nos vamos, ¿ah?
¿Entonces para qué correr tanto?, que si te gradúas,
que si comes sano, que si consigues un buen empleo,
que si te llevan rosas y serenatas, que si tu novio tiene auto...
Que si te casas en "buena familia", ¿y qué demonios la hace buena?
¿Acaso la diversidad no es la única cosa que nos abre la mente y despierta el apetito real?
Apetito por amor, por la aventura, por luchar para todas esas cosas en las que creemos...
Mientras tanto, tú, ella, y yo, haciéndonos faciales de pepino,
y ellos dejando por lo menos un cuarto de millón de dólares en sus gimnasios caros,
al mes.
Yo les pregunto, por primera vez, y saliéndome de mis líneas,
para convertir este escrito en algo aún más personal,
¿En dónde creen que está escondido el corazón, atrás de tanto prejuicio, enseñanzas morales, de tantas ropas,
de tantas depilaciones láser, cremas humectantes, hormonas, mentes pachangueras,
y tanto palo buscando hoyo?
¿En dónde?.
Escribo sin realmente saber qué quiero transmitir.
C'est la vie
Continuidad en los parques - Julio Cortázar
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Voy por mal camino si me duele el pecho por las mañanas,
y cuando me levanto eres la primera cosa que me viene a la cabeza,
y me pongo llorona si algo me sale mal,
así como una infante que se enamora del chocolate ya comido,
regresaste a mi vida y ya no te quiero soltar.
Digo, las cosas andan mal si espío mi telefono cada 2 minutos,
a ver si la luz se enciende con un mensaje tuyo, o una llamada casual,
el tiempo va a asesinarme la ilusión.
Y entonces cometes esas locuras...
Terminas con ella, y me dejas a mi incierta,
quizá el karma finalmente me está rindiendo cuentas.
Estoy mal, y te quiero,
y te quiero, y las horas me pesan,
y recuerdo que hace un par de días me dijiste que me amabas, aunque alcoholizada,
te avergonzaste, y te reíste...
Lo malo es que quizá, quizá, te creo...
Ayer mi profesora de inglés me dio esta historia, que a su vez se la dieron en un seminario al que fue.
Lo comparto con ustedes. Veré si más tarde puedo traducirlo para aquellos que no sean angloparlantes LOL.
Time management (Food for thought)
One day, an
expert in time management was speaking to a group of business students and used
an illustration those students would never forget. As he stood in front of the
group of overachievers, he said: ‘Okay, time for a quiz.’ He pulled out a
one-gallon wide mouthed-jar and set it on the table in front of him. Then he
produced about a dozen fist-sized rocks and carefully placed them, one at a
time, into the jar. When the jar was filled to the top and no more rocks would
fit inside, he asked: ‘Is this jar full?’ Everyone in the class said ‘Yes.’ He
said: ‘Really?’
He reached under the table and pulled out a bucket of gravel.
Then, he dumped some gravel in and shook the jar, thus causing pieces of gravel
to work themselves down into the spaces between the big rocks. Later on, he
asked the group once more: ‘Is the jar full?’ ‘Probably not,’ one of them
answered. ‘Good,’ he replied. He reached under the table and brought out a
bucket of sand. He started dumping the sand into the jar and it went into all
the spaces left between the rocks and the gravel. Once more, he asked the
question: ‘Is this jar full?’ ‘No,’ the class shouted. He said: ‘Good.’ He
grabbed a pitcher of water and began to pour in until the jar was filled to the
brim.
He looked at the class and asked: ‘What is the point of this
illustration?’ One eager beaver raised his hand and said: ‘The point is that,
no matter how full your schedule is, if you really try hard, you can always fit
some more things into it.’ ‘No,’ the speaker replied, ‘that’s not the point.
The truth this illustration teaches us is that, if you don’t put the big rocks
in first, you’ll never get them in at all. What are the “big rocks” in your
life? Your children; your loved ones; your education; your dreams; a worthy
cause; teaching or mentoring others; doing things that you love; time for yourself;
your health and your significant other. Remember to put these BIG ROCKS in
first or you’ll fill your life with little things you worry about that don’t
really matter and you’ll never have the real quality time you need to spend on
the big, important stuff (the big rocks).
So, tonight, ask yourself this question: “What are the BIG ROCKS in my life?" Put those into your jar first.’