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Ladea la cabeza mientras observa las luces. Pasan tan rápido que apenas llega a distinguir sus colores. Son un borrón, una nueve, una estela, como los días del año. Un flash. Un momento. Un segundo y ya no están. Endereza la cabeza y desvía la vista. Las luces comienzan a marearla o quizás sea el vaso en su mano. O ambos. Fiestas... Colocó el liquido sobre sus labios, no recordaba si aluna vez había disfrutado de esas fechas. Posiblemente sí, pero ahora, ahora no le importaba. Las luces bailoteaban en el recinto. Sola. Allí. El hielo y la bebida. Las doce se aproximaban pero no tenía apuro ni necesidad de darles a conocer. Retrocedería el reloj, el tiempo, el movimiento una vez más. El alcohol curtió su garganta, suave, lento, con sequedad. Tira la cabeza hacia atrás y cierra los ojos. Campanadas imaginarias en su mente. Suspira y se retira a su habitación. Oscura, sin luces, sin fiestas. Sola.
Quiero. Quiero escribir, quiero contar, quiero cantar, gritar, soñar y callar. Quiero. Muchas y tantas cosas. Entre tantos silencios. Quiero explicar tantas cosas y huir a la vez de ellas. Correr, esconderse y bailar. Quiero ser y no ser, y brillar. Escuchar otra vez esas voces que resuenan y se abren camino. Pensar. Pensar en silencio, abochornada, confundida. Sonreír. Entrar en ese letargo melancólico y sonreír igual. Quiero hablar, gritar, comunicar. Llegar. Abrazar. Quiero. Quiero poder. A la vez que no puedo y puedo. Esconderme y salir a la luz al mismo tiempo, entre tinieblas y rayso de sol. Quiero ser una Lucía, encaramada en un Edward, soñando con hielo y ron. Quiero ser poeta de palabras dulces, de analogías claras. Quiero. Quiero llegar lejos. Lejos en el camino y volver atrás, como los caminantes, dejando estelas. Inspeccionar pasado y presente. Quiero. Quiero tantas cosas y a la vez nada. Más el rostro cansado objeta el pedido de una cama, la sonrisa de los parpados cerrados y el olvido del poeta. Encontrar refugio entre los sueños y navegar una vez a puerto. Quiero entonces hacerle caso al pedido de mi cuerpo. Calló el corazón cobarde, y corró a refugiarme entre sábanas blancas y susurros del viento.
(Just in case... pude ir!! Wiiiii!)
Esta allí, sentada entre el resto, pero a su vez, entre nadie. A veces siente voces, palabras, y hasta frases. Sepregunta si son reales, si dicen verdades, sin son serias o bromas. Pero tan rápido como vienen, desaparecen. Se esfuman, y ella sigue allí, entre las gentes y la nada. Otros día camina, observa, aprende. Corre entre la figuras, cree ir muy rápido porque no la ven, pero ella tampoco lo hace, no del todo, porque no entiende. Muchas tardes sonríe, sonríe y tiembla, camina hasta el pequeño que le ve y le susurra secretos de su visión. Él huye. Como han huído todos los pequeños anteriores. Entonces vuelve y se sienta. Ya no sonríe, pero aún observa. Sin embargo, aún no entiende. Quiere jugar, es niña, siempre, y dulce cuando puede. Pero nunca encuentra con quien. Es muy sabía y antigua, pero frágil e inocente. Siempre espera por el siguiente infante, aquel que le susurre de vuelta, que ría. Aquel que como ella no entienda al resto de las sombras.
Nu era a donde iba, era a donde tenía que llegar... *sonríe* Hacía días nu escribía nada de la nada... bleh, debería escribir caricias ¬¬ y no he pudido subir las fotos que prometí a algunos pork no encuentro el cable de la camara ¬¬!
Observó las hojas a su alrededor; el texto que llevaba escrito; los tintineantes colores de la presentación en el computador; las ventanitas de compañeros que al igual que ella, observaban a su alrededor casi desesperados, como si algo allí les solucionara su nerviosismo. El reloj marcaba la hora con precisión, recordandole que el tiempo, simplemente, nose detenía por más que lo deseara. Imaginó unos brazos que le apresaban en consuelo, y una voz susurraba palabras tranquilizantes a su oído. Abrió los ojos, que no recordaba haber cerrado, y observó las hojas a su alrededor. Aún había mucho por delante.
Bleh, antes que nadie me resongue... la otra compu piensa, yo escribo y me pongo a preparar presentación. ¿El texto? Bleh... mi imaginación está seca.
Todo podría parar, y allí seguría. Girando. impecable. Incontable. Indetenible. Empujada por una inercia cuya procedencia se desconoce. Extraída de los más extraños confines del universo. Todo podría parar y ellajamás notarlo. Jamás detenerse. Todo podría hacerlo. Allí, todo simplemente, pasaba de largo. Porque aunque todo parara, el infinito es eterno.
Estoy desecha. Mínimo parrafo para no dormirme mientras grabo archivos. I miss everybody so much T_T!
Hay caricias para dar
tantos recuerdos hay
tanta tinta y mostrador
hay una razón
queda el amor
queda la voz
y el corazón, bohemio y soñador
con su disfraz mejor
brilla en todo su esplendor
por volver a renacer
tras un querer
bajo un tibio sol.
Entró en la habitación en silencio. El fuego apagado luego de una larga noche, las cortinas descorridas dejando al frío sol de invierno colarse entre las ventanas. Se sentó sobre la vieja y olvidada rinconera, posicionando un libro en su regazo. Llevaba varios días en aquella lectura. Leyendo, analizando y volviendo a leer. Sentía cada palabra grabada a fuego, como si alguien las hubiese clavado en ella a fuerza y puñal. Suspiró con desgana y retomó la lectura. El silencio la pertubaba, incómodaba sus pensamientos y traía remordimientos a su memoria. Intentó concentrarse en las palabras allí escritas.
"Exilit tomó un poco de tierra entre sus manos, saboreando el tacto entre sus dedos. Su vista se elevó hacia el joven que a su lado esperaba.
- Estamos en buen camino, amigo. - expresó con aspero entusiasmo.
- Permitiéndome el atrevimiento, maestro, usted duda demasiado. - Exilit devolvió una sonrisa divertida a su joven aprendiz. Aquel tipo de acotaciones alegraban su jornada.
- Debemos de todas formas acelerar el paso si deseamos alcanzar el campamento antes del anochecer.
Se enderezó y cargó el saco a sus hombros. Era de urgente importancia alcanzar al resto del grupo, su misión no tendría sentido si no se realizaba en las siguientes horas al crepúsculo. El peso que sus errores habían acarreado debían ser correguidos inmediatamente antes de que fuera muy tarde. A pasos largos prosiguió el camino hacia el norte. Un poco hacia el oeste. Sintió al joven Auspa seguir sus pasos silenciosamente. Sin volver a cuestionar el conocimiento de su maestro y volvió a sonreír para si. Aquel muchacho sería grande algún día.
Los campos estaban olvidados, pero un olor a hierba fresca inundaba el aire, indicando que por allí había sucedido movimiento. Humanos habían atravesados aquellas áreas. El viaje comenzaba a reducirse a un rutinario andar. Rápido, seguro, necesario.
- ¿Cree que lo hayan notado, maestro?
- Son hombres sabios, pero no sabrán que hacer con la carga.
- ¿Equivocaran sus pasos?
- Posiblemente. - la frialdad de su tono finalizó la conversación. El silencionuevamente se apoderó de aquella solitaria expedición."
Se removió incómoda y bajó el libro. Sus ojso recorrieron el espacio en busca de respuestas, de personas, pero vacío respondió a su llamado. A veces podía imaginarse como Exilit, un joven guía, capaz de comprender y errar. Capaz de cargar el mundo en sus hombros con la misma facilidad con la que portaba su viejo y preciado saco de pertenencias. Otras veces le era más fácil observarse como el inesperto Aupa, curioso, desfachatado, intrepido, capaz de cuestionar cualquier autoridad, de creer en sus conocimientos sin duda alguna. Pero la mayoría de las veces se asociaba con el resto de los humanos a los que el Maestro y su aprendiz se referían. Los Comunes, los que podían conocerse pero no saber que hacer con aquel conocimiento. Los que llevaban más cargas de las que podían soportar. Los que actuaban erradamente. Los que no tenían solución.
Sentía que aquella sensación de parentezco entre ella y aquellas figuras era única. Observando el apagado hogar ed la estufa no podía más que aceptar aquellos sentimientos. Soñaba con ser como Exilit, deseaba ser aprendiz, sabía que el silencio era lo único que tendría.
¿Es que no puedes verla? Allí, acurrucada, lejana. Sus ojos parecen idos, y sus labios ya no dibujan sonrisa. Está ajena. A veces se levanta y camina hasta ti, pero no te ve. Tu no la ves. Se ha perdido en algun lejano momento, y no se encuentra. ¿Es que no distingues sus miradas caídas? ¿No le has visto caminar descalza por el frío pavimento esperando sentir algo? A veces alcanza tu mano y la toma. La mece con cariño, como criatura débil que luce, y la suelta. Tu logras tal vez sentir su tacto, pero no entiendes. Ella se retira, y vuelve a su lejano incomfort. A veces ella vuelve en si y observa, pero aún así sigue lejos. O tal vez en esos momentos, seas tu quien se ha alejado. Te ve pasear con otros y te ve llegar a otros. su sonrisa se apaga y desaparece. Ella desaparece. No está más. Se ha perdido. ¿Es que no puedes llegar a ella?
El vaso en tu mano tintinea, el hielo chocando en una tormenta de delicados movimientos. Miras la nada. Esa nada solitaria. Lo entiendes, lo ves claro. Transparente. Observas. En tus labios el sabor a nicotina te devora. Son tus vicios, aquellos que se satisfacen... que hacen la soledad menos solitaria. Una sonrisa cínica se dibuja en tus labios y tomas una nueva pitada. Refugiado en tu hogar. Tu santuario. Ajeno al mundo. Dulce y embriagante soledad. Dejas caer el vaso. Infinitos pedazos de vidrio se explayan a tu alrededor, sientes algunos tocar tu piel, pero continuas inmóvil. El cigarrillo en tus labios y tus ojos perdidos.
Una voz distrae tus pensamientos, levantas la vista. Son ellas. Te visitan muchas veces, reconoces sus cuerpos, frágiles, sus ojos, cálidos e imperceptibles. Sus pieles, inalcanzables. Se acercan a ti, susurran palabras inteligibles. Te cantan una vieja canción de cuna y te envuelven en sus alas. Te seducen en su perfume de mujer, pero sabes que al fin y al cabo no lo son. Salvajes criaturas que te hacen desear una vez más. Te recorren, llegan a ti. Explotan en vocablos que desconoces, pero te animan. Te murmuran que están contigo. Creíste una vez venían del cielo, falsos espejismos del mismo diablo.
Desaparecen, sientes como el calor de sus almas se desvanece. Dudas que tengan almas aquellos seres de todas formas. Pero deseas su presencia, su aroma dulce de mujer barata. Anhelas su tacto, pero el silencio, el vacío llega a ti. Se han ido. Lamentas. Tus entrañas se retuercen, un nuevo cigarro a tus labios. Deseas ser mundano, olvidarte en placeres banales. Vacías tu mente... aquellos seres no volverán esta noche. Vicias tu cuerpo de humo fresco y mueres. Poco a poco mueres.
Observó la hoja en blanco y suspiro. Llevaba horas así, como si el alma se encogiera a cada intento de escribir aquellas palabras. Una musica animada sonaba junto a ella, quizás llegara a animarla, lo dudaba realmente. Lo había hecho en el primer momento, ahora solo lograba no dejarla caer. El papel le sonreía divertido, como si su situación le agradara. Como significara trazos y trazos de hermosas palabras que pronto caerían sobre él.
Suspiró en cansancio. ¿Qué podía decir? ¿Qué podía plasmar allí? No creía tener palabras suficientes para explciar lo que debía explicar... algunas cosas le resultaban simplemente crueles. Afirmó su mano sobre el frágil lapiz, respiró hondo y tomó fuerzas. Escribir. Ella podía escribirlo todo. Eso haría. Sonrió para si misma, sintiendose liviana y pesada al mismo tiempo. Escribir. Eso haría.